Enfrentar tus miedos quizás sea la lucha personal más larga y más difícil que encararás durante el tiempo que dure tu vida. Sin escapatoria, te verás a diario frente a un oponente que no podrás subestimar, pues no es otro que vos mismo. Tu rival es el conjunto de tus miedos encarnados en tu reflejo. Sos vos y tus vulnerabilidades. La imagen distorsionada de tu mejor versión. Sos vos y el cúmulo de debilidades que escondes con esmero al mundo.

Da miedo escribir sobre el miedo. Da miedo sólo pensarlo, ¿verdad? A mi también me pasa. Intento no darle lucha, no tirar yo el primer puñetazo (porque al final de cuentas temo que me devuelva el golpe más fuerte y me reviente la nariz – el ego). Muchos le aplicamos la ley del hielo pensando que si lo ignoro lo hago sentir como que no existe, pa’ que le duela. Y eso exactamente es lo que nos pasa: nos autoinflingimos dolor.

Podes pasarte la vida procrastinando en la lucha contra tus miedos. Ignorándolos, distrayéndolos, maquillándolos, escondiéndolos, pero ellos seguirán allí a tu lado. Fieles como tu perro, constante como tu sombra que no te deja solo.

Tus miedos sin embargo, al igual que vos, existen porque su propósito es trascendental.

No creas que su sola misión es asustarte, no te equivoques. No son tus monstruos, son tus amigos. Ellos son totalmente necesarios en tu camino hacia tu desarrollo personal. El que no enfrenta sus miedos no mejora. Nunca.

Tus miedos son parte de tu ser. Abrazalos sin temor a quererlos, a perdonarlos. Ellos te van a ayudar a descifrar quién sos y quién querés ser. También te van a ayudar a alcanzar tus sueños.

Las personas que han hecho de sus miedos sus aliados, han llegado más cerca de la felicidad.

Emprenden sus proyectos, inspiran, son auténticos. Se sienten y se ven exitosos. Y todos queremos ser como ellos.

El temor nos une como seres humanos. Lo que nos diferencia a unos de otros es cómo y cuándo tomamos la decisión de conciliarnos con nuestros miedos para dejarnos ser vistos tal cual somos: seres imperfectos con súper poderes que poner el servicio de los demás.

Conocer tus temores es tan importante como conocer tus pasiones. No podrás desarrollar las segundas si no empezas por transformar tus miedos en fortalezas. Pensalo, y respondete con honestidad: ¿qué harás con tu vida cuando tus miedos no te paralicen tanto?

En mi caso empecé a escribir.

Share: